La importancia de respetar la armonía de los ciclos naturales

En estos días, resulta difícil no pensar en los incendios que aquejan el centro sur de nuestro país, en especial cuando vemos cómo nuestras vecinas y vecinos del norte batallan frente a las llamas que amenazan con devorarlo todo. Vemos la destrucción que sigue al fuego, y recordamos la urgencia de adoptar medidas para potenciar nuestra adaptación a este tipo de eventos, los que casuales o intencionados, ponen en evidencia nuestra vulnerabilidad a las llamas, tanto de bosques como de cultivos madereros, como de nuestras ciudades y nuestra gente.

Como Gobierno, hemos estado en terreno, desplegados en todas las regiones afectadas, con apoyo inédito de enlace permanente de nuestras y nuestros Ministros, para así facilitar y acelerar la toma de decisiones y el proceso de reconstrucción ante la emergencia, implementando medidas que respondan a las necesidades de las personas. Pero también, nos anticipamos, y por eso se aumentó en un 22 % el presupuesto de CONAF, el mayor desde 2017; y se decretó la prohibición absoluta del uso del fuego en quemas controladas entre Atacama y Magallanes.

Pero acá siempre necesitamos de todas y todos, y ante la amenaza constante y creciente del cambio climático, debemos repensar nuestro diseño, en nuestros hogares, en nuestros proyectos y empresas, y en general, en nuestra forma de hacer vida. Debemos anticiparnos a las llamas, para que cuando sea que ocurran, nuestra respuesta sea aún mejor.

En otras palabras, debemos adaptarnos. Y ahí, a la hora de rediseñar cómo lo haremos, tenemos que tener especial consideración por nuestras especies nativas, nuestros propios tesoros naturales, y sus ecosistemas, pues nuestra riquísima biodiversidad encierra secretos de importancia científica, médica, económica, ecológica, espiritual, entre tantas otras. Pero más importante aún, porque existe una relación indisoluble entre los seres humanos y la naturaleza (¡somos parte de ella!), y todas las actividades que realizamos requieren del medio ambiente, por lo que al cuidarlo nos cuidamos a nosotras y nosotros mismos.

Esto es especialmente importante a la hora de hablar de introducir especies que puedan alterar la composición de la biodiversidad local, a veces en forma permanente, o que amenacen con cambiar ciclos hidrológicos o regímenes de fuego, que produzcan la homogenización de la biota, o que pueden acelerar el proceso de extinción de plantas nativas. Lamentablemente, estos “costos ambientales” asociados a su introducción no siempre son ponderados, especialmente cuando existe una actividad económica asociada a la explotación de la especie introducida. Y es que modificar los ecosistemas naturales por sistemas productivos conlleva modificaciones que pueden resultar vitales a las especies que habitaban esos espacios. De ahí la necesaria importancia de ponderar y valorar debidamente el capital natural en todas nuestras actividades, como anunció hace algunos meses nuestro Gobierno.

Pero aún más, necesitamos que el desarrollo de este tipo de proyectos, además de adoptar todas las medidas necesarias de bioseguridad para eliminar o reducir al máximo los riesgos de una afectación ecosistémica del medio, no apele únicamente al cultivo y explotación de una única

especie, sino que apunte al desarrollo de multicultivos que puedan convivir entre sí de manera armoniosa y cauta del bienestar natural, apuntando a la circularidad, por ejemplo, de nutrientes y otros residuos orgánicos. Pues es la única forma que tenemos para resguardar nuestras vidas, y así también la de todo lo que nos rodea. Y acá nuestra Región tiene maravillas singulares, especies nativas y endémicas que merecen su resguardo, protección y la su hábitat y biodiversidad.

Y ya que hablamos de especies únicas, y para proyectar la esperanza y energía necesaria para los días venideros, recordemos que este 19 de febrero se conmemora el día mundial de las ballenas, aquellos grandes navegantes de los océanos que nos recuerdan que la vida es cíclica e interconectada. Estas especies, que son además vitales en las grandes cruzadas actuales contra las crisis climática y ecosistémica; son esenciales para el cuidado y conservación de la naturaleza pues operan como especies paraguas, que en el ejercicio de protegerlas y a su hábitat natural, estamos cuidando a un sinfín de organismos que viven en este extenso territorio. Asimismo, permiten optimizar nuestros esfuerzos de protección y conservación, al servir como especie bandera, clave e indicadora de las realidades ecosistémicas del territorio que navega y las demás especies que allí habitan.

Así que, en estos momentos de dificultad, y frente al enorme desafío que aún queda de apagar todos los incendios, detengámonos un segundo ante la visita de estos grandes mamíferos, que, como todos los años, en estas épocas patrullan nuestras costas en el norte de nuestra Región. Recibamos su visita, como recordatorio de la armonía de los ciclos y un aliento para recuperar fuerzas para hacer frente a la tarea que nos apremia, a esperas de un marzo lluvioso que ayude a disipar el fuego.

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Publicado en Región de Aysén del General Carlos Ibañez del Campo.