La rica biodiversidad de los montes submarinos sale a la luz

Si pudiéramos paramos en el lecho oceánico al lado de un monte submarino y mirar hacia arriba sería la misma experiencia que estar de pie frente a las montañas de la precordillera central.

Porque algunos de estos colosos alcanzan una «altitud» de hasta 4 mil metros.Poco sabemos de ellos, porque están bajo la superficie del mar. De hecho, los que alcanzaron más altura se transformaron en islas, como Robinson Crusoe, Salas y Gómez o San Félix. Pero a muchos otros les faltaron unas cuantas decenas de metros para alcanzar la superficie.

Estas cadenas montañosas constituyen un refugio único para una impresionante y colorida biodiversidad. Es así como en sus arrecifes de coral se reproducen diversos moluscos y peces. Además, hay otras especies que viven asociadas, como los atunes, peces espada y tiburones, que suelen desplazarse por ellos en busca de alimento. «Son verdaderas carreteras de vida» destaca Álex Muñoz, director ejecutivo de Oceana Chile.

«Puede haber zonas del mar completamente desoladas, pero al acercarse a estos montes hay mucha más vida. Por eso es importante protegerlos», dice.

Pudieron comprobarlo en las expediciones recientes que han hecho en Juan Fernández, Salas y Gómez y en las islas Desventuradas, especialmente en estas últimas. «Con un submarino bajamos hasta 400 metros, y pudimos ver los montes submarinos de las Desventuradas en perfecta condición».

Distinta es la situación en los montes de Juan Fernández, que fueron arrasados durante la década pasada para pescar el orange roughy y el alfonsino, dos peces de alto valor < comercial. «Al menos cuatro montes fueron totalmente destruidos, pero ahora están en lenta recuperación», dice Muñoz, según lo observado con un submarino de Oceana en enero pasado.

Los peces también resultaron afectados. «Ambas son especies endémicas cuyas poblaciones llegan a vivir más de cien años. Su reproducción es muy lenta, por lo que cuando empiezan a pescarlos y sacan a todos los adultos, después es muy difícil recuperarlos» explica Claudio Silva, investigador de la escuela de Ciencias del Mar de la Universidad Católica de Valparaíso (PUCV).

Monitoreo El tema ha generado preocupación, y el mes pasado el Congreso aprobó una ley que prohibe la pesca de arrastre en estos ecosistemas.

Apenas en los últimos diez años comenzamos a saber más sobre las características de estas elevaciones submarinas gracias a tecnologías satelitales y de batimetría (análisis remoto del relieve submarino). Entre 2006 v 2008 se logró identificar a 118 a través de un proyecto del Fondo de Investigación Pesquera y la PUCV.

Desde el año pasado, un grupo de investigadores, en el que participa Silva, con recursos del Fondo de Investigación Pesquera, desarrolla un monitoreo detallado de tres de ellos el Juan Fernández 5 (JF5) y Juan Fernández 6 (JF6), ubicados entre las islas Robinson Crusoe y Alejandro Selkirk, y el monte O’Higgins, situado a 120 millas (unos 200 kilómetros) frente a Valparaíso. «Hay planes para declararlos parques marinos, pero antes hay que hacer un estudio en profundidad», señala.

El proyecto se ha dividido en tres partes. La primera, iniciada el año pasado, incluyó un levantamiento de la batimetría en cada uno de ellos para lo cual se utilizó el buque científico Cabo de Hornos. Además, con sensores especiales se analizó el tipo de suelo existente para determinar si es blando o rocoso.

En julio próximo se desarrollará la segunda fase, que busca caracterizar estos tres montes desde el punto de vista oceanográfico. Esto contempla análisis de temperatura, oxígeno, fitoplancton y zooplancton, productividad y salinidad a distintas profundidades. Esta vez emplearán el buque Abate Molina, del Instituto de Fomento Pesquero.

La tercera fase, cuya licitación está pendiente, contempla la obtención de muestras biológicas, para lo que nuevamente emplearán el Cabo de Hornos. «Es un trabajo complejo. El JF 5, por ejemplo, tiene su cima a 350 metros bajo el nivel del mar, y hay que ir descendiendo hasta los 3 mil metros».

Publciado en El Mercurio

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